Principios

Principio A
BENEFICIENCIA Y NO MALEFICIENCIA
Este principio ético representa el corazón del compromiso profesional del psicólogo: hacer el bien y evitar el daño. La relación terapéutica, investigativa o educativa implica una profunda responsabilidad, ya que las decisiones del profesional pueden tener un impacto significativo en la vida de las personas. Actuar con beneficencia implica no solo brindar ayuda efectiva, sino también velar activamente por el bienestar de los otros.
Asimismo, este principio exige una constante autoevaluación: los psicólogos deben ser conscientes de sus propios límites personales, emocionales y contextuales, para evitar que factores externos (como intereses económicos, presión institucional o sesgos personales) interfieran en su juicio. En definitiva, beneficencia y no maleficencia no son solo reglas, sino una actitud ética de respeto, cuidado y humanidad hacia cada ser con el que se trabaja.

Principio B
FIDELIDAD Y RESPONSABILIDAD
Este principio resalta la importancia de la confianza como base de toda relación profesional en psicología. La fidelidad implica ser leal a los compromisos asumidos con las personas y con la sociedad, actuando siempre con honestidad, transparencia y respeto. Ser responsable, por su parte, significa asumir con seriedad las consecuencias de nuestras acciones, reconocer nuestros deberes éticos y profesionales, y estar dispuestos a rendir cuentas.
Además, este principio subraya el valor de la colaboración y del servicio. Los psicólogos no trabajan de manera aislada; cooperan con otros profesionales e instituciones para garantizar el bienestar de quienes atienden, y están atentos a posibles conflictos de interés que puedan comprometer su objetividad o dañar a otros. También habla de una dimensión ética más profunda: el compromiso de contribuir al bien común, incluso sin esperar una recompensa personal.

Principio C
INTEGRIDAD
El principio de integridad es fundamental para preservar la credibilidad y el valor humano de la psicología. Promover la honestidad, la veracidad y la precisión en cada aspecto de la práctica profesional no solo garantiza un trabajo ético, sino también una relación de respeto con quienes confían en el psicólogo. Actuar con integridad implica rechazar el engaño, el fraude y cualquier forma de manipulación que comprometa la verdad.

Principio D
JUSTICIA
El principio de justicia subraya la importancia de la imparcialidad en la psicología, asegurando que todas las personas, independientemente de su origen, condición o contexto, tengan acceso igualitario a los beneficios de esta disciplina. Este principio implica que los psicólogos no solo deben brindar servicios de calidad, sino también velar por la equidad en sus prácticas, evitando cualquier forma de discriminación o favoritismo.
Además, la justicia requiere que los psicólogos sean conscientes de sus propios prejuicios y limitaciones profesionales. Este principio invita a una reflexión continua sobre cómo las creencias personales, la falta de formación o los sesgos pueden influir en la práctica y en el juicio profesional, y obliga a tomar medidas para evitar prácticas injustas o perjudiciales.

Principio E
RESPETO POR LOS DERECHOS Y LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS
Este principio reconoce que todas las personas, independientemente de su origen, identidad o circunstancias, merecen tener autonomía sobre sus decisiones y la protección de su confidencialidad. Además, los psicólogos deben ser conscientes de la vulnerabilidad de algunos individuos o comunidades que, por diversas razones, pueden estar en desventaja para tomar decisiones autónomas. En tales casos, es responsabilidad del psicólogo intervenir para proteger sus derechos y su bienestar.
También es clave reconocer y respetar las diferencias culturales, sociales e individuales, como la edad, género, raza, religión, identidad sexual, entre otras, y abordar cualquier prejuicio que pudiera influir en el trabajo profesional.

